El parvovirus canino (CPV-2) es una enfermedad viral reconocida desde hace más de 30 años.  Es el patógeno más importante responsable de la gastroenteritis viral canina, tanto por su patogenicidad como por su alta morbilidad y mortalidad.  La vía de transmisión es fecal-oral y las partículas virales están presentes en grandes cantidades en la materia fecal desde la fase aguda hasta 3-4 semanas posteriores.  Por esto se deben respetar todas las normas de bioseguridad cuando se recibe un paciente con sospecha de parvovirus.

Los signos clínicos de esta enfermedad empiezan a manifestarse 4-7 días post infección.  Son principalmente:  diarrea (por lo general profusa y hemorrágica), vómito, fiebre, anorexia, depresión y deshidratación.  Puede complicarse con shock hipovolémico o coagulación intravascular diseminada, ambos asociados a septicemia o endotoxemia consecuencia de la traslocación bacteriana por la pérdida de la barrera intestinal.

Los hallazgos de laboratorio que podemos encontrar son:

Hemograma:

  • Leucopenia marcada en más del 85% de los casos, por neutropenia y linfopenia.  La causa es la destrucción de células progenitores hematopoyéticas en la médula ósea y en órganos linfoproliferativos (timo, linfonodos, bazo)   El proceso va a disminuir la cantidad de células disponibles para suplir la alta demanda del tejido intestinal inflamado.   El valor de leucocitos tiene importancia también para establecer un pronóstico, siendo mucho mejor cuando los pacientes no presentan leucopenia o se recuperan de la linfopenia en las primeras 24 horas.  Es por esto que se deben realizar hemogramas cada 24-48 horas en pacientes diagnosticados con gastroenteritis viral por parvovirus.
  • La anemia es otro hallazgo frecuente,  la hemorragia intestinal y la dilución son las principales causas, ya que la inhibición de la eritropoyesis por efecto del virus no se manifiesta en una enfermedad aguda por la vida media prolongada que tienen los eritrocitos del perro.
  • La trombocitopenia ocurre por consumo en las hemorragias y vasculitis, así como por inhibición de la médula ósea.  No es un hallazgo tan frecuente, pero si se le debe presentar atención por la posibilidad de que el paciente desarrolle coagulación intravascular diseminada.

Bioquímica:

  • Electrolitos y ácido base: la hipocaliemia puede ocurrir por anorexia, vómito y diarrea.  La hiponatremia e hipocloremia (deshidratación hipotónica) también pueden ocurrir.  Los pacientes pueden presentar acidosis o alcalosis metabólica, según la severidad del vómito y el origen de la diarrea (intestino grueso o delgado)  Todos deben ser medidos y corregidos con terapia de fluídos adecuada.
  • Proteínas: es frecuente la panhipoproteinemia, siendo la hipoalbuminemia la más evidente.  Se debe considerar restaurar el volumen circulante mediante el uso de coloides (plasma o sintéticos)
  • Enzimas hepáticas: es frecuente encontrar incrementos leves a moderados de enzimas hepáticas ya que hay un incremento en la cantidad de toxinas que llegan a este órgano, así como mayor muerte celular consecuencia de la menor perfusión hepática por la hipovolemia.
  • Azotemia: es común encontrar hiperazotemia de origen prerrenal por la deshidratación.

Diagnóstico

La detección de antígeno fecal de parvovirus en heces es una prueba rápida, confiable para el diagnóstico en vivo de la enfermedad.  Se debe tomar en cuenta que en los primeros 3-4 días post infección puede dar falsos negativos ya que no se está dando la excreción del virus.  El pico de excreción se da entre los días 7 y 10,  facilitando el diagnóstico de la enfermedad.  Aunque se tenga el diagnóstico definitivo se deben hacer frecuentemente hemogramas para monitorear la respuesta del paciente.